
Diriges como eres, no como dices que eres
Puede parecer una afirmación rotunda, pero pocas ideas explican tan bien por qué unas organizaciones inspiran confianza, crecen con solidez.
Mantienen una cultura coherente, mientras otras viven atrapadas en el desorden, la improvisación o la falta de compromiso.
Antes de analizar una empresa, conviene observar a la persona que la lidera.eso es importante, hay una realidad que rara vez aparece en los manuales de dirección:
Existe una idea muy extendida en el mundo empresarial: pensar que las organizaciones se construyen a través de estrategias, procesos, herramientas o planes de acción.
Las empresas terminan pareciéndose a las personas que las lideran.
Más de lo que imaginamos.
Dirigir es transmitir una forma de pensar, de actuar y de relacionarse con los demás, no consiste únicamente en tomar decisiones, asignar tareas o revisar indicadores.
En cierto modo, cada organización acaba convirtiéndose en una extensión de quien está al frente.
Por eso, si observamos con atención una empresa, muchas veces podemos descubrir rasgos de la persona que la dirige.
Cuando quien lidera es ordenado, es probable que la organización tienda al orden.
Si es disciplinado, la disciplina acabará formando parte de la cultura.
Cuando el que estás al frente es exigente consigo mismo, probablemente transmitirá altos estándares a su equipo.
Si es una persona cercana, la cercanía acabará apareciendo en la forma de trabajar y relacionarse.
Pero ocurre exactamente igual en el sentido contrario.
Quien dirige evita los conflictos, los conflictos se enquistarán.
Si pospone decisiones, la organización aprenderá a convivir con la indecisión.
Cunado vive instalado en la improvisación, el desorden terminará normalizándose.
Si tolera comportamientos que sabe que no son adecuados, la empresa acabará aceptándolos como parte de su funcionamiento habitual.
Porque la cultura empresarial no nace de los valores escritos en una pared, nace de los comportamientos que se permiten, se repiten y se refuerzan cada día.
Y esos comportamientos suelen comenzar en la dirección.
El liderazgo deja huella
Hay empresas donde todo el mundo sabe exactamente qué tiene que hacer.
Otras donde nadie lo tiene claro.
Empresas donde las reuniones sirven para avanzar.
Y empresas donde las reuniones se convierten en una forma elegante de aplazar decisiones.
Empresas donde las personas asumen responsabilidades.
Y empresas donde todos esperan que alguien más resuelva los problemas.
La diferencia suele estar en el liderazgo.
Porque los equipos observan constantemente, observan cómo se toman las decisiones, cómo se gestionan los errores, cómo se afrontan los conflictos…
Y, poco a poco, terminan reproduciendo esos comportamientos.
La organización aprende de lo que ve, no de lo que escucha.
El espejo que nadie quiere mirar
Cuando una empresa atraviesa dificultades, la reacción habitual es buscar explicaciones externas. Y has de parar para observar, ese es tu Momento ADN
Es culpa del mercado, o de la competencia. De la economía.
Tambien puede ser culpa del equipo, de la falta de tiempo, de no tener recursos…
Y, sin duda, todos esos factores influyen.
Pero existe una pregunta mucho más incómoda que pocas veces nos hacemos:
¿Qué parte de los problemas de mi empresa tienen su origen en mí?
No es una pregunta agradable., ni tampoco sencilla.
Pero suele ser una de las más útiles.
Porque es imposible transformar una organización sin estar dispuesto a revisar primero el propio liderazgo.
Muchas veces intentamos cambiar procesos cuando lo que necesita cambiar son nuestros hábitos.
Intentamos reorganizar equipos cuando el problema es nuestra incapacidad para delegar.
Queremos mejorar la comunicación cuando somos nosotros quienes evitamos las conversaciones difíciles.
Insistimos en exigir compromiso cuando nosotros mismos hemos dejado de ser coherentes con lo que pedimos.
La empresa siempre acaba reflejando algo
Con el tiempo, las organizaciones desarrollan una personalidad propia.
Pero esa personalidad no aparece por generación espontánea.
Se construye a partir de cientos de decisiones, comportamientos y actitudes acumuladas durante años... y ahí está el proceso
Por eso resulta tan difícil encontrar empresas excelentes lideradas por personas mediocres.
Y por eso también resulta tan complicado construir organizaciones ordenadas desde el desorden, comprometidas desde la indiferencia o valientes desde el miedo.
La calidad de una organización rara vez supera la calidad personal de quienes la dirigen.
Una reflexión final
La próxima vez que detectes un problema recurrente en tu empresa, antes de mirar al equipo, al mercado o a los procesos, prueba a hacer algo diferente.
Mira hacia dentro.
Porque quizá la pregunta más importante no sea:
¿Cómo está mi empresa?
Quizá la pregunta sea:
¿Cómo estoy yo?
Porque, al final, nos guste o no,
dirigimos como somos.
Pensamiento ADN
Las organizaciones evolucionan cuando las personas que las lideran también lo hacen.
Para profundizar más en conceptos y enfoques relacionados con los estilos de dirección, puedes consultar:
• VOGUE Spain: Cómo desarrollar el autoliderazgo para liderar a otros.
• THE CONVERSATION : El arte de dirigir y motivar equipos.
