
Hay algo especial en las vacaciones.
Durante unos días, el ritmo cambia, hay menos reuniones, menos llamadas y menos urgencias.
Y cuando desaparece parte de ese ruido aparece algo que durante el resto del año escasea: tiempo para pensar.
La reflexión en vacaciones puede ayudarnos a mirar con más perspectiva tanto nuestra vida profesional como nuestra vida personal.
Tiempo para pensar.
No necesariamente para trabajar, sino para pensar.
Pensar en la empresa, sí. Pero también en uno mismo, en la familia, en las relaciones, en lo que queremos, en lo que estamos haciendo y en hacia dónde queremos ir.
Porque durante el año vivimos muchas veces en modo automático. Resolvemos lo que tenemos delante, cumplimos compromisos, atendemos responsabilidades y seguimos avanzando.
Hasta que llegan unos días de pausa.
Y entonces aparecen preguntas que normalmente no tienen espacio en nuestra agenda y debemos de contestarlas con criterio.
Cómo estamos realmente?
No cómo deberíamos estar.
No cómo esperan los demás que estemos.
Cómo estamos de verdad.
Quizá las vacaciones permitan escuchar algunas respuestas que durante el año quedan escondidas detrás de la actividad.
¿estamos disfrutando de lo que estoy construyendo?
¿tenemos el tiempo que deseamos para las personas que queremos?
¿estamos satisfecho con nuestro trabajo?
¿hay algo que llevamos demasiado tiempo posponiendo?
¿estamos dedicando mi energía a aquello que realmente considerando? importante?
Son preguntas sencillas.
Pero no siempre son fáciles de responder.
La distancia cambia la perspectiva
Cuando estamos dentro de nuestra rutina, todo parece urgente.
El trabajo, los clientes, el equipo, la familia, los compromisos, las responsabilidades…
Y cuando todo es urgente, resulta difícil distinguir qué es realmente importante.
Por eso parar puede ser tan útil.
No para escapar de nuestra realidad, sino para mirarla desde otra distancia.
A veces necesitamos alejarnos un poco de aquello que vivimos todos los días para poder verlo con claridad.
Y eso sirve tanto para la empresa como para nuestra vida personal.
- Esa situación profesional que nos preocupa.
- Una relación que necesita atención.
- La decisión que llevamos meses aplazando.
- Una forma de vivir que quizá ya no encaja con lo que queremos.
- Un proyecto que nos ilusiona y al que nunca encontramos tiempo.
O simplemente la sensación de que estamos avanzando mucho, pero no necesariamente hacia dónde queremos.
No hace falta encontrar todas las respuestas
Pensar no significa solucionar.
Tampoco significa convertir las vacaciones en una sesión de planificación.
No hace falta abrir el ordenador.
Ni preparar una lista de objetivos.
Ni diseñar un nuevo plan de vida.
A veces pensar consiste simplemente en hacernos preguntas y permitirnos escuchar las respuestas.
Sin prisas, sin tener que decidir inmediatamente, sin juzgarnos…
Porque algunas respuestas necesitan tiempo para aparecer.
Reflexión en vacaciones: ¿qué preguntas merece la pena hacerse?
Quizá estas vacaciones podamos dedicar un rato a algunas preguntas diferentes.
En lo profesional:
- ¿quiero mantener de lo que estoy haciendo?
- ¿qué debería cambiar?
- ¿eso me está aportando energía y qué me la está quitando?
- ¿la decisión llevo demasiado tiempo aplazando?
- ¿estoy construyendo el proyecto profesional que realmente quiero?
Y una especialmente importante:
Si pudiera cambiar tres cosas de mi vida profesional antes de terminar el año, ¿cuáles serían?
No diez, no quince… tres!!!
Porque pensar también consiste en distinguir lo importante de todo lo demás.
Y en lo personal:
Quizá las preguntas sean diferentes.
- ¿estoy dedicando suficiente tiempo a las personas que realmente me importan?
- ¿qué estoy haciendo por obligación y qué estoy haciendo porque realmente quiero?
- ¿me gustaría recuperar de mi vida?
- ¿hay algo que llevo demasiado tiempo dejando para “cuando tenga tiempo”?
- ¿qué me gustaría que fuera diferente dentro de un año?
Y quizá una de las preguntas más difíciles:
- ¿estoy viviendo como quiero vivir o simplemente estoy respondiendo a lo que la vida me va poniendo delante?
No siempre tendremos una respuesta inmediata.
Pero quizá solo hacernos la pregunta ya sea importante.
Agosto también nos permite recuperar perspectiva
Cuando el ritmo baja, podemos empezar a mirar las cosas de otra manera.
A veces descubrimos que aquello que parecía tan importante hace unas semanas ya no lo parece tanto.
Que un problema tenía una solución más sencilla de lo que pensábamos.
Que estamos dedicando demasiado tiempo a algo que no nos aporta.
O que hay personas, proyectos o aspectos de nuestra vida a los que queremos volver a prestar atención.
Quizá ese sea uno de los mayores valores de parar: recuperar perspectiva antes de volver a decidir.
Hay momentos en los que aprovechar el tiempo significa no hacer nada productivo.
Sentarse, caminar, conversar, mirar el mar, subir una montaña, leer, dormir, estar con los que quieres, aburrirse dejar la cabeza tranquila.
Y permitir que aparezcan pensamientos que normalmente no tienen sitio.
A veces necesitamos simplemente espacio y hacer foco en él.
Y después llegará septiembre
Septiembre llegará igualmente.
Volverán las reuniones, los proyectos, las obligaciones y la rutina.
Pero quizá podamos volver de otra manera.
No necesariamente con una lista enorme de cosas que hacer.
Sino con algunas ideas más claras sobre qué queremos hacer y qué queremos dejar de hacer.
Porque una reflexión que no cambia nada puede quedarse simplemente en eso: una reflexión.
Pero una reflexión que se convierte en una decisión puede cambiar muchas cosas.
Por eso quizá el verdadero valor de agosto no esté en descansar para volver a producir más.
Quizá esté en parar lo suficiente para preguntarnos qué queremos hacer cuando volvamos.
Un pequeño ejercicio para estas vacaciones
Busca un lugar donde no tengas que atender nada durante un rato.
Y coge una libreta.
Divide una página en dos:
PROFESIONAL | PERSONAL
Y escribe, sin pensarlo demasiado:
- Tres cosas que quiero mantener.
- Dos cosas que quiero cambiar.
- Una cosa que quiero dejar atrás.
- Una decisión que llevo demasiado tiempo aplazando.
- Una cosa que quiero recuperar.
Y finalmente:
- ¿qué quiero que sea diferente cuando termine este año?
No hace falta responderlo todo.
Tampoco tomar todas las decisiones ahora.
Quizá simplemente sea suficiente con empezar a mirar.
Porque a veces necesitamos parar para darnos cuenta de que llevamos demasiado tiempo corriendo.
Pensar también es avanzar
Estamos acostumbrados a valorar la acción.
Pero también hay momentos en los que avanzar significa detenerse.
Mirar dónde estamos.
Preguntarnos si seguimos queriendo ir hacia el mismo lugar.
Y decidir, con algo más de perspectiva, qué merece nuestra atención.
Agosto puede ser uno de esos momentos.
Un espacio para pensar en el trabajo y en la vida.
Y en aquello que quizá llevamos demasiado tiempo esperando para empezar.
No hace falta volver de vacaciones con todas las respuestas.
Quizá sea suficiente con volver con mejores preguntas.
Porque algunas decisiones importantes empiezan simplemente así:
parando, pensando y atreviéndonos a preguntarnos qué queremos realmente.
Para profundizar sobre estas reflexiones aquí, puedes consultar:
• El Día: Agosto para la madurez
• ElDiario : El verano no empieza nunca
